Ven a mí,
Ríndete en la majestuosidad de mi abrazo,
Tan frio, tan inesperado, pero a la vez, tan acogedor,
Sé que no soy el príncipe victoriano con el que habías soñado,
Me asemejo más a un animal, con instintos incontrolables
Pero en cierto modo humanizado…
Quédate inmóvil,
Contén la respiración al sentir mis labios casi rozando tu cuello,
Pero no demasiado, no me gustaría que esto terminase antes de tiempo,
Te aseguro que si tuviese aliento,
Ahora mismo estaría estremeciéndote con su contacto…
“Tranquila, esto es como en los libros” susurré en tu oído,
En unos instantes lo único que sentirás será paz,
Ni siquiera el dolor de la transformación al mundo de las sombras
“Rápido, erótico y eterno”…
Ah!… jamás olvidare el sonido de tu fina piel al romperse,
Ni el agitado jadeo que escapaba de tu garganta
Mientras sentías tu mortalidad alejarse…
Y por supuesto,
Jamás olvidaré el sonido de tu cadavérico cuerpo al caer al suelo,
vacío de esperanzas...
“Te engañe, no era como en los libros”
Ilusos mortales…
Trish